El cuidador.

En ocasiones, nos encontramos en situaciones de la vida en las cuales nos convertimos en el apoyo o sostén de otros. Sucede con frecuencia a las madres y a las esposas que dejan a un lado su desarrollo profesional en alguna etapa de sus vidas para ocuparse de los hijos, la casa y la familia. En otras ocasiones pasamos a ser la persona de apoyo cuando en nuestras familias, nuestra pareja, nuestros padres o algún familiar muy cercano enferma y nos convertimos en sus cuidadores.

Es a este último caso al que quiero referirme hoy. Cuando alguien muy querido y cercano padece una enfermedad grave con el peor pronóstico y pasamos a ser su enfermera, cuidadora, la persona que lo apoya y atiende durante toda su larga y dolorosa enfermedad.

La manera de asumirlo y vivirlo estará determinada por nuestro tipo de personalidad y la etapa de la vida que estemos viviendo. En cualquier caso, olvidarnos de nuestra vida para ponernos al cuidado de otra persona, dejar todo lo que queremos hacer y nuestras necesidades a un lado para entregarnos por completo al cuidado de otra persona, es un rol muy difícil que requiere que hagamos acopio de lo mejor de nuestros recursos y al mismo tiempo que nos procuremos un sistema de apoyo. Así y todo, habrá momentos en que nos encontremos rebasados por la situación, la relación y la dinámica entre el enfermo y uno durante todo ese tiempo.

Te sientes exhausto después de llevar una carga emocional y de trabajo tan pesada durante tanto tiempo, me refiero a años de convalecencia y llegará el momento en que colapses, atrapado y sin salida en esa situación. Pensar en encontrar por fin la salida es casi tan difícil y triste como desear que el otro deje de estar para que la agonía termine para los dos, pero el final pronosticado para el otro es extremo.  Imaginar que todo acabe cuando al mismo tiempo que nos invade la tristeza infinita de que el otro ya no esté, porque es alguien a quien amas profundamente y lo que más deseas es seguir a su lado, continuar juntos.

Es muy recomendable que como persona de apoyo te procures también un sistema de soporte y ayuda para ti. Necesitas un espacio, lugar y tiempo donde poder hablar de todo lo que estás sintiendo y viviendo. Resultará muy beneficioso participar en grupos donde los otros estén viviendo situaciones similares a la tuya para compartir todo lo relacionado con esta experiencia, el cansancio, el enojo, la impotencia, la frustración, el resentimiento, la compasión, la culpa, la tristeza y todos los sentimientos encontrados que afloran como resultado de esta situación.  Es importante poder comprender y compartir con total claridad y entendimiento lo que representa el arduo, difícil y a veces devastador proceso de convertirse en la persona de apoyo.

Habrá momentos en que te encuentres profundamente deprimido sin poder entender cómo tu vida se convirtió en la realidad tan difícil que estás viviendo,  abatido por el torbellino emocional y psicológico en el que te encuentras, sin saber qué hacer, si culpar al otro o a la vida o a los dos por todo lo que estas pasando. Tendrás la sensación de que no tienes nada que argumentar a tu favor en la relación porque el otro siempre tiene la carta ganadora. No importa cómo te sientas porque el otro es quien está enfermo o el que podría morir. Tus problemas y necesidades dejan de tener importancia pues estos se desvanecen ante la gravedad de la enfermedad del otro.  Además, los otros creen que como tú no eres la persona enferma, no tienes necesidades o las minimizan. Pero tus necesidades no desaparecen, siguen ahí y peor aún, crecen en la medida que tu cuerpo físico y emocional se debilitan.

Te supera la impotencia ante la falta de solución, los sentimientos encontrados, el complejo de culpa junto a períodos de depresión donde la posibilidad de la pérdida de la persona amada sigue estando como telón de fondo. La angustia y la crisis de ansiedad provocadas por el abismo que separa  lo que deseas y quieres de la realidad que vives.

Es imprescindible buscar ayuda profesional, un amigo muy cercano u otro familiar que pueda entender lo que estas viviendo. Contar con ayuda profesional o de  alguien capacitado que pueda brindarnos el apoyo que requerimos para transitar de la manera más saludable este proceso tan desgastante y agotador, con tantos sentimientos encontrados y tanto amor. Porque hay muchísimo amor en la esencia de todo este proceso y a veces resulta difícil recordar como seguir entregando ese amor.

Serán muy válidos todo tus intentos por sobreponerte, de asumirlo de la manera más positiva y compasiva y así todo, siempre te diré, busca ayuda, busca tu sistema de apoyo. Busca asistencia para sobrevivir psicológica y emocionalmente a la experiencia de ser durante años la persona de apoyo. Es de los retos más difíciles que pueden presentársenos en la vida, dejar todo de lado, toda tu vida, aquello que quieres, lo que necesitas para dedicarte por completo al cuidado del otro.

A todo lo anterior se suma el dilema ético y emocional que representa, pues es lo que se espera de ti y más aún lo que tú mismo esperas de ti, porque no quieres darle la espalda a la persona que amas y que necesita de ti ahora más que siempre.

En muchas ocasiones lo que el otro necesita es sólo que estés a su lado, a veces en silencio,  escuchando, acompañándolo, como esponja emocional de todo cuanto está viviendo, absorbiendo su dolor, siendo su refugio emocional. No es que haya algo que tengas que hacer, solo ser y estar a su lado, real y presente. Porque estamos a su lado por amor y de manera voluntaria. Es por ello que resulta de mucha ayuda confirmarnos cada día en nuestras decisiones, reafirmarnos en aquello que hemos escogido hacer. Estar completamente presentes para nosotros y para el otro en el hoy y el ahora, para hacer y sentir todo lo que toca y llega con el día que estamos viviendo.  Un día a la vez…

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4 thoughts on “El cuidador.

  1. Nena, es como lo describes. A mi madre le ha tocado pasar por eso en dos ocasiones y lo que queda después es un despojo humano. Siempre le insisto en que tiene que sacar tiempo para ella también, hacer otro tipo de cosas que la ayuden a cambiar las ideas aunque sea por breves momentos, porque a ese ritmo… Y es que a veces tenemos que ser un tantico egoístas. Porque lo que no puede suceder es que –como bien explicas aquí– uno termine odiando la situación y odiándose a sí mismo por tener pensamientos miserables. ¡Ah, el eterno dilema entre el bien y el mal! Un besito, Betunia.

  2. Is querida…por esos imponderables de la vida cuando nos vemos convertidos en la persona de apoyo debemos encontrar la manera más saludable de transitar por tan difícil experiencia. Siempre se puede buscar ayuda y procurarte espacios para ti, para no terminar como bien dices siendo un despojo humano…devastado y arrasado por la situación. Comprender el proceso con todo lo que implica en cuanto a desgaste físico y emocional para buscar tus anclas hacia la salud. Una vez más, como casi siempre en la vida se trata de encontrar el equilibrio. Gracias por acompañarme en este espacio. Besines….

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