Dependencias y codependencias.

Las personas dependientes podríamos definirlas como aquellas que necesitan y demandan un nivel muy alto de atención y cuidados en la relación, requieren de la guía externa y el apoyo permanente del otro, consultan casi todas sus decisiones y buscan sentirse seguras bajo la compañía y protección de la otra parte de la relación. Tener seguridad es una de sus necesidades básicas, por lo que requieren la confirmación continua de la presencia del otro, necesitan tener el control y conocer el terreno que pisan. Les da seguridad saber que hay alguien que se hace cargo de ellos, que se siente responsable de su bienestar y cuanto pudiera acontecerles en su día a día.

Las personas codependientes son aquellas que suelen olvidarse de sí mismas para ocuparse y atender las necesidades del otro. En algún momento de sus vidas recibieron la aceptación, aprobación y amor de quienes eran sus pilares afectivos ocupándose de ellos, complaciéndolos y asumiendo la responsabilidad por su bienestar. Todo lo anterior bajo el falso entendido de que tengo que hacer algo, cumplir con lo que se espera de mí o complacer al otro para que me amen, para que me quieran, para que me acepten y poder pertenecer o simplemente para que no me abandonen. De este modo, se sienten responsable del estado de la relación y actúan desde la creencia errónea de que es su responsabilidad que la relación funcione y que el otro se sienta bien. De manera inconsciente se relacionan con personas con problemas y dificultades a las cuales poder rescatar, cuidar y atender para de este modo crear un lazo fuerte de unión, convencidos de que su amor, atención y cuidados hacia el otro le aseguran la relación estable, duradera y segura que desean con la persona amada.

En ambos comportamientos, dependientes y codependientes, la persona se siente desvalida cuando está sola, necesita asegurarse constantemente de la permanencia del vínculo con el otro y de que no será abandonada. Todo lo anterior bajo la falsa creencia de que su bienestar depende de la presencia del otro en su vida. Se establece una dinámica implícita y subliminal donde uno de los miembros de la pareja es sumamente demandante de la atención del otro, se queja, se pone en el papel de víctima, se enoja, manipula o se aleja, al mismo tiempo que el otro se hace cargo y se ocupa de las exigencias, necesidades, sentimientos, decisiones, problemas y bienestar del otro, desconociendo las necesidades propias. Deja a un lado sus necesidades, se olvida de lo que quiere para atender las demandas y reclamos continuos del otro, instaurandose de este modo una relación insana de codependencia.

Todo esto comienza y termina siendo un roto para un descosido, ambos con necesidades y trastornos emocionales por atender y solucionar, con una constante búsqueda de confirmación del vínculo, poniéndose de manifiesto sus inseguridades, problemas de autoestima, tendencia adictiva, ansiedades, baja tolerancia a la frustración, necesidad de control, dificultad para el manejo del dolor y el miedo al abandono.

Alguna vez escuche que del tamaño de tu enfermedad es tu pareja. En las relaciones disfuncionales la pérdida de salud emocional es proporcional y muy similar en ambos miembros de la pareja.  No hay buenos ni malos en esta historia, si no personas con diferentes niveles de salud: sanas, promedio a sana o insanas.

En el peor de los casos la relación de codependencia suele involucionar de manera patológica hacia un espiral insano descendente. Primero busco que el otro me quiera, si esto no sucede intento que me necesite, al fin que me necesite se parece bastante a que me quiera. Si tampoco me necesita, al menos que me tenga lástima para que no me abandone. Y si todo lo anterior no resulta, lograré entonces que me tema. Que tenga miedo de lo que puedo llegar hacer o hacerme, manipulando así el sentimiento de culpa del otro. Aquí hago la aclaración que este modelo no es lineal, es común que se puedan saltar fases y pasar de que me quiera a que me tenga lástima o de que me necesite a que me tenga miedo, sin tener necesariamente que transitar por todas las fases intermedias.

Como casi siempre en los trastornos psicológicos y emocionales, el primer paso en el camino hacia la salud es darse cuenta. Esto lleva tiempo e implica todo un trabajo personal de introspección y reflexión sobre mí, el otro y la dinámica de la relación. La necesidad de replantearte las bases de tu relación de pareja y de tu vida, es el resultado de un proceso de toma de consciencia al sentir que no somos felices. Es precisamente esa infelicidad lo que nos lleva a buscar soluciones y tomar acciones para iniciar el camino hacia la recuperación de nuestra salud emocional y nuestro bienestar.

Siempre se puede retomar el camino hacia la salud. ¡Siempre!  Solo necesitas darte cuenta y hacerlo consiente, admitir primero que todo que la relación no está funcionando porque tú no estás bien y te sientes frustrado, enojado o triste la mayor parte del tiempo.

Todos tenemos derecho a estar y a sentirnos bien con nosotros mismos y en nuestras relaciones, es el punto de partida para disfrutar de la vida y encontrarle sentido. También tenemos derecho a amar y a ser amados sin que tengamos que hacer algo a cambio u ocuparnos del otro, derecho a que nos amen por ser la persona que somos. El amor por definición es incondicional lo cual significa que no tienes que hacer algo o dar algo a cambio para que el otro te ame.

Eres responsable de ti, de tu vida y de tus días, de hacerte cargo y ocuparte de tus necesidades. Ser adulto significa ocuparnos de nosotros mismos, somos los únicos responsables de cuidarnos, amarnos, atender a nuestras necesidades, reconocer nuestros sentimientos y procurarnos lo que queremos. Nadie más es responsable de ello y esto va de ida y vuelta, ni yo de los otros ni los otros de mí.

Ser adulto significa reconocernos con carencias y necesidades, comprender que de esas carencias y necesidades me ocupo yo, el adulto que soy hoy. Porque puedo y quiero hacerlo, porque es un privilegio y da mucha satisfacción ocuparme de mí y saber lo que quiero. Es la adulta que soy hoy quien elige hacerse cargo de la niña dependiente que también vive en mí y cuando mi yo adulto no pueda, buscará ayuda y encontrará soluciones, se hará responsable.

Resulta imprescindible para nuestra salud emocional encontrar el camino hacia la autodependencia en nuestra vida y nuestras relaciones, para que interactuemos, nos comuniquemos, convivamos, nos apoyemos, nos ayudemos unos a otros reconociéndonos y comportándonos como los adultos que somos.  De este modo construir nuestra relación sin que ninguna de las dos partes se sienta responsable de la otra, sin esperar que alguien se haga cargo de mi vida, ni ocuparme yo de la vida del otro para asegurar el vínculo y desde el miedo al abandono. Somos compañeros de viaje en el camino de la vida, compartir significa caminar y crecer uno junto al otro como adultos, sintiéndonos responsables de nosotros mismos.

dependencia

 

 

7 thoughts on “Dependencias y codependencias.

  1. No es un camino sencillo, pero si muy necesario en esta jornada que llamamos vida. Gracias por tu luz…

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